domingo, septiembre 27, 2015

Normalidad, por fin

Hace mucho, mucho, mucho que tendría que haber escrito esta entrada.
Ya me da hasta vergüenza ir a mirar la última vez que me pasé por aquí.
Supongo que os haréis cargo de lo mucho que ha cambiado mi vida en los últimos meses y del poco tiempo que me queda desde entonces para mi y por consecuencia, para vosotras.

Allá por finales de junio embarqué todas mis cosas en un camión (cosas que llevaba semanas metiendo en cajas) y puse rumbo a Palma a reunirme con el resto de mi familia que habían partido días antes para dejarme margen y espacio para desmontar sus camas, empaquetar sus tazas de desayuno y meter en cajas sus juguetes.

Una vez en Palma, agotada de la mudanza previa y del viaje que resultó ser muy cansado (y muy aburrido, sin internet ni nada) no tuve ni un día de descanso y al día siguiente empezamos a desempaquetar como si no hubiera un mañana nuestras 160 cajas más unas cuantas decenas de bultos.

Tres días tardamos en tener una casa habitable, unos juguetes colocados, un ordenador en su sitio y la ropa que ponernos colocada.

Llegaba el momento de disfrutar del verano que se nos presentaba pero no fue posible básicamente por dos motivos:
El primero era el calor insufrible que hemos pasado. Pues a pesar de que en Mallorca hace calor en verano, of course y que soy consciente que debo haber perdido algo de costumbre hemos pillado una ola de calor detrás de otra y sin tregua que nos ha hecho quedarnos en casa más de un día y más de dos pegaditos todos al aire acondicionado porque no se podía pisar la calle ni en verano.
Y no exagero, que la televisión autonómica hablaba de record históricos. Yo, desde luego, no recuerdo haber pasado tanto calor, tantos días seguidos en mi vida.

El otro motivo fue la cantidad de papeleos, burocrácias y cosas pendientes que ha ocupado casi todo mi tiempo libre.
Papeleos para el cole de los niños, para solicitar reincorporarme al trabajo, solicitar las tarjetas sanitarias, duplicar el libro de familia que extraviamos, pagar impuestos que teníamos pendientes, comprarme un coche porque mi cutrecoche ya no daba para más (a duras penas ha llegado a España, otra vez), y además todas las revisiones médicas que tenía pendientes, o bien porque el sistema francés es diferente o bien porque llevaba tiempo aplazándolas con eso de que nos íbamos a España como la ortodóncia de la nº 2, la revisión oftalmólogica del nº 4,...
No he parado.
Cada vez que resolvía un papel me salían tres más y ante la perspectiva de empezar a trabajar y dejarlo todo solucionado antes de empezar el curso se convirtió en una carrera contra reloj con una agenda repleta y ningún día libre.

A todo eso, además, sumadle que iba a hacer toooooodos mis tramites con dos (o tres) niños detrás que se aburrían, se cansaban y que andaban muuuuuuy despacio.

Lo que tenía que ser un verano tranquilo y divertido ha sido una maratón agotadora.
El número 1 además, no ha contribuído mucho a mi relax pues a los tres días de llegar a España nos llegaron las notas de su instituto y nos ha obsequiado con 1 aprobado (gimnasia). Pero no os preocupéis, que encima la culpa es nuestra porque dice que le damos "demasiada" libertad (tócate las narices).

Nos ha regalado un verano de discusiones, malas maneras, contestaciones desafortunadas y miradas de odio que no le deseo a nadie. (Que adolescencia, po dió!!!!)
Y detrás viene la niña nº 2 que se levanta cruzada y no sabes ni por donde cogerla pero por lo menos ella es consciente y directamente te grita "no se lo que me pasa" y nada, la dejas hasta que viene mimosa y suave como una balsa de aceite.

El día 11 empecé a trabajar, por fin y he vuelto a vivir en mis carnes lo mal que concilia este país. Y eso que soy empleada públia, que me imagino que trabajar en la privada esta mil veces peor.
Cuando me enteré de que mi destino después de reincorporarme de la excedencia es el más lejano que era posible a mi domicilio he estado luchando a que no me manden allí amparandome a que tengo unos derechos (mínimos) por haber aprobado unas oposiciones que se los han pasado por el forro y que trabajar en un sitio en el que tardo aproximadamente hora y cuarto en llegar y otra hora y cuarto en volver era incompatible con mi horario familiar.
No ha importado con la cantidad de directores generales de diferentes departamentos que haya hablado y la cantidad de escritos que haya presentado que les ha dado igual. La solución ha sido pedirme una reducción de jornada (con lo que cobraré menos) y haciendo un horario que al colegio no le va del todo bien por no darme otro destino y dejar allí a la que había que ya lo tenía arreglado.
En fin. A pesar del horario y de la distancia estoy muy contenta de empezar a trabajar y hacerlo en este colegio.
Espero adaptarme bien y acostumbrarme pronto a este horario.
Entre madrugones, carreras, actividades extraescolares y faenas caseras cuando por fin pongo el culo en el sofá (a eso de las 10 de la noche) estoy tan cansada, que más de una vez me he quedado dormida.

Entenderéis entonces que no haya tenido tiempo de escribiros aunque haya pensado mucho en vosotras. Agradezco a todas esas que se han preocupado o interesado y que me han mandado toques por las redes sociales o mediante emails. Que no os abandono!!!.

Para que no os quedéis con la impresión de que este verano ha sido caótico contaros que también hemos tenido tiempo de ir a la playa unas cuantas veces (pocas, porque ha resultado que a los peques eso de la arena no les mola mucho), de disfrutar de la agenda veraniega que ofrece una ciudad un poco más grande que mi chiquipueblo, de reencuentros con los amigos, cafés con confidencias y conocer a gente nueva que siempre viene bien.

La vuelta al cole ha sido agridulce para mis retoños.
La niña nº 2 y el niño nº3 encantados de la vida. Eso del cole, de charlar, de aprender cosas y de ver a gente les gusta mucho, mucho y en el cole lo tienen todo. Es gratificante que el niño nº 3 sea (el único de su clase) que entra en el cole con una sonrisa de oreja a oreja, dando los buenos días bien fuerte y con ganas de ponerse a aprender todo lo que pueda.
Contrasta con el nº 4 que. ya de entrada eso del cole no le gusta mucho, pero tantos cambios le estan pasando factura y vuelve a venir a dormir con  nosotros por la noche (cachis, ya lo teníamos superado).

Y el número 1 es un misterio como pasa sus días en el instituto.

Poco a poco volvemos a la normalidad, una normalidad nueva pero que necesitábamos al fin y al cabo.

Espero poder pasarme por aquí más a menudo y no una vez cada dos meses para que vayáis viendo como crecen mis niños.



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