viernes, septiembre 21, 2012

La rebelión de la fauna (esto solo me pasa a mi)

Cuando una es de ciudad, es de ciudad. Y no basta con irse a vivir a una casa de campo, ponerse zapatos planos (no deportivas, que una es mu fisna) e intentar que las plantas del jardín no se te mueran a pesar de la manía que les ha entrado con suicidarse para pasar a ser una pueblerina.

Al principio todo era muy bonito y muy idílico, paseos por el río, atardeceres delante de la chimenea, hojas caídas cubriendo la hierba...
Después llegó la primavera y la flora local decidió explotar. Así, de repente, sin avisar, casí pierdo al niño en el jardín esperando a que papá fuera a por un cortacesped al más puro estilo payés.
La planta de la entrada se empeñaba en crecer y crecer camuflándonos el buzón y atentando contra la vida del pobre cartero, porque la jodía tenía pinchos.
La obsesión francesa por los rosales brotó y se dedicó a pinchar todas las pelotas de mis nenes que caían en los alrededores provocando lloros, quejas y arañazos del que se aventuraba a intentar recuperarla (casi siempre el niño nº 4) y que acababa con un viaje al decathon a por más pelotas para regocijo de los rosales.

Nosotros, que no tenemos ni pajolera idea de plantas las observábamos estupefactos despendolarse y atacarse las unas a las otras sin saber muy bien que hacer, hasta que mi marido tomo la filosofía del "pues lo podo" y mi pobre jardín ha ido menguando, menguando.
-Oye, ¿no había aquí una menta/romero/limonero/loquesea?.
- Sí, lo podé porque estaba creciendo mucho.
- Pero ¿no es eso lo que han de hacer las plantas?....

No compartimos la misma teoría, pero como se me ocurra decir nada me huelo que me va a tocar a mí encargarme del jardín y por ahora me va genial que se ocupe él. Cuando no tengamos plantas porque las haya matado todas ya veremos.

Pero después de la primavera llegó el verano, como cada año y tras la explosión de la flora vimos resurgir la fauna sumergida.
Primero tuve que superar la marabunta de arañas, mosquitos que solo me pican a mí, hormigas que no se te caiga una miga porque desaparece, abejas que decidieron construir su casita justo delante de nuestra puerta y las teníamos ahí saludandonos cada vez que entrabamos o salíamos, libélulas que no sabía ni como eran hasta que visitaron todos los días, moscas que se te quedaban pegadas de lo tontas que eran e insectos varios.
Y ya digo que una es de ciudad y que esto de los bichos y de ver como de repente en tu casa aparecen telarañas gigantes en cuestión de dos días, que parece que no haya limpiado en un año pero juro por Dios que no es cierto...pues lo llevaba bastante mal.
Y parece que cuando por fin lo asumo y lo digo en voz alta "no me gustan los animales" ellos, que parecen tontos, pero que están ahí acechando deciden rebelarse.
Porque si los insectos no me gustan nada, los mamíferos han resultado ser mil veces peores.
Los primeros en atacar fueron  no uno, ni dos, tres gatos distintos que se pasean por MI jardín como Pedro por su casa y cuando yo les hago "chis, chis" me miran con aire soberbio y siguen su camino sin acelerar el paso ni un poquito dejándome bien claro que me impongo lo mismo que una mosca y que piensan seguir visitándome.

Luego un topo que se enfadó porque le habíamos colocado la piscinita de los nenes encima de su casa (joer, que caracter) y se vengó dejándonos todo el jardín lleno de agujeros para ampliar su loft.
Después fue un águila/halcón/algo parecido (lo juro) que no se le ocurrió otra cosa que ir a estrellarse en mi jardín montando un revuelo con los otros pájaros que pa que. Yo no me atreví a salir al jardín en toda la tarde y prohibí terminantemente a los niños salir (que calor pasamos...) pero es que si sale en niño nº 4 se lo come, al pájaro, no al niño, que menudo es y eso al fin y al cabo es pollito.


Pero ya el colmo de los colmos de la rebelión de la fauna es un ratoncito adicto a la leche y nada más que a la leche que insiste en quedarse a vivir con nosotros. Y tanto insiste que no hay manera de pillarlo pese a mis lloros y que mi marido haya comprado ya todo el surtido de trampas y venenos de la droguería que el ratón de las narices dice que no.

Y en eso estamos, yo amenazando con mudarme y mi marido haciendo viajes a la drogueria mientras el puñetero ratón se lo está pasando pipa a nuestra costa.



Nota: Juro que todos los ejemplos que he contado aquí son veridicos y sin exageraciones (por desgracia)



lunes, septiembre 17, 2012

La cuesta de septiembre


Septiembre es como el "otro enero". Para mí es incluso más importante, pues en enero, después de tomar las uvas, no cambia gran cosa excepto las promesas de ir al gimnasio y el régimen recién empezado. Porque los niños vuelven al cole, los mayores al trabajo, ...todo sigue igual. Pero en septiembre, en cambio, hay muchísimas novedades. Los niños empiezan un curso nuevo, en aula nueva, con libros nuevos y con profe nueva, los mayores vuelven al trabajo después de las vacaciones y es una época de hacer grandes planes, apuntarse a cursos de cosas, que todos empiezan ahora, organizar la vida en casa,...Además tenemos la cuesta de septiembre que es bastante más empinada que la de enero ¿o no?.


Pero yo, cada año, por esta época me enfrento a una relación amor/odio en mi propia casa. Por un lado me encanta que empiece el cole, me gusta hacer los preparativos para la ocasión: Elegir mochila nueva, preparar los estuches, preveer la ropa de invierno, ...
Empieza a hacer fresquito y yo, que odio pasar calor y me afecta muchísimo a mi sentido del humor, lo agradezco enormemente.
Pero por otro, odio las filigranas y los malabarismos que tengo que hacer para cuadrar horarios de clases, actividades extraescolares, ocio y obligaciones.
A medida que mi familia aumenta lo hace también la dificultad para poder encajarlo todo. Y es, cuando solo eran dos solo tenía que cuadrar el ballet con el atletismo y los dos iban a clases de inglés. Buscaba sitios que me coincidieran los horarios o polideportivos que hicieran las dos cosas, pero ahora...imaginaros.
Este año hay que cuadrar los entrenamientos de basket del nº 1 (con partido los sábados incluidos) con sus clases de repaso y las clases de guitarra (capricho de este año). La niña nº 2 no se queda atrás y ha optado por clases de badminton (ni idea de que le gustase el badminton) y talleres de circo. Yo tengo que empezar si o sí las clases de francés y estoy tentada de apuntarme a un curso de tricot por eso de hacer algo para mi y aprender de una pastelera vez, pero me para un poco que no las voy a entender...ya veremos.
Y los peques se van de cabeza, (pobrecitos), a clases de natación.
Además, en el pueblito este hay lo que hay (que yo creo que es incluso demasiado) y las clases de basket son en tal sitio y solo en ese, no hay más.
Si consigo cuadrarlo todo me voy a pasar todo el invierno llevando y trayendo niños de un lado a otro.

Por otro lado, me hice el firme propósito de que mi casa este año no parecería un campo de batalla y que pelearme con todos de que lo recojan solo sirve para que yo me enfade y para que ellos intenten escaquearse. Así que he hecho terapia este verano y me he autoconvencido de que ellos tendrán sus tareas, que las cumplirán a rajatabla y de los demás me encargaré yo sin pretender que me ayuden, que total no lo van a hacer.
Y así de decidida me he dedicado a hacerme tablas (y hacérselas a ellos), horarios, listas y de todo para poder organizarme este invierno, poder tener la casa decente (que no pido más) y la comida hecha dejándome ratitos para otras cosas para que no me de la sensación de que no hago nada más que casa/niños niños/casa y que lo llevo tan mal.
La sorpresa ha sido descubrir que desde que el niño nº 3 ha empezado el cole (y esta siendo traumático, pero eso es otro tema) y me paso las mañanas solita con el nº 4 resulta que voy sobradíiiiiiiiisima, me da tiempo de todo y puedo hacer hasta pasteles.
Y es que no te das ni cuenta de lo que absorbe un niño, ni del tiempo que ocupa, ni las energías que gasta hasta que dejas de hacerlo y descubres que tu día tiene también 24 horas como el de los demás.



jueves, septiembre 13, 2012

Vestidos iguales

Lo estaba viendo venir. El día ha llegado. El niño nº 4, con su gran voracidad ha alcanzado en tamaño al niño nº3.
Hasta ahí todo normal (podría ser peor). El inconveniente es que ya comparten ropa y que llevan la misma talla de todo (incluso de zapatos).
Ay (suspiro lamentoso) !!.
Cuando me quedé embarazada del niño nº 4 esperaba con alguna esperanza que lo que viniera fura una nena a la que hacerle coletas, poder comprarle vestidos de volantes y que no me diga "calla, mamá" cuando le canto canciones (verídico, para mi desgracia).
Pero el destino, que es un poco cabroncete y se lo pasa pipa a nuestra costa no solo me dio otro niño, sino que es más bruto, más bestia y más "niño" que los otros dos juntos.
"Bueno, pensé, por lo menos me ahorraré tener que comprarle tanta ropa, porque heredará la del nº 3".
Pero cuando nació mi retoño y se desconectó del cordón umbilical descubrió que eso de comer era una pasada, que las patatas fritas están genial mojadas en coca-cola y el limón a palo seco es lo más solo porque es comida.
El chiquitajo empezó a ganar terreno a marchas forzadas y a alcanzar a su hermano en tamaño y altura, ayudado porque su predecesor, como buen hermano, es todo lo contrario y no hay manera de que haga una comida decente.
Se veía venir y ha ocurrido: comparten ropa.
Ahora tengo que comprar la ropa doble, con lo que no solo no me ahorro nada, sino que gasto el doble. A lo mejor, si hay suerte, dentro de poco le supera y es el mayor el que herede ropa del pequeño.

Al papá, (que es el pequeño de dos hermanos al que también a superado en altura, eso sí, cuando el estirón, a los 14, como está mandao y no con un año y medio) esto le hace mucha gracia y me dice eso de "pues le compras la ropa igual y así es más fácil vestirles".
Y yo, que soy la mayor de dos hermanas y que siempre odié tener un doble en miniatura y juré y perjuré que no les haría pasar por eso a mis hijos ahora me veo en el dilema.
Por un lado hay que comprárselo todo igual porque si no se pelean, y con lo parecida que es la ropa de niño no sería un problema en comprar dos iguales si algo me gusta, pero por el otro sigo fiel a mi promesa y recuerdo lo poco que me gustaba que me vistieran como a mi hermana.

He llegado al punto intermedio comprándoles ropa igual pero de distintos colores por eso de que sean iguales  pero diferentes mientras me pienso hacia que lado me decanto.
¿Que pensáis?.


sábado, septiembre 08, 2012

Pros y contras del comedor escolar

El sistema educativo francés tiene (como todo) sus ventajas y sus inconvenientes. Me pareció genial que para los nacidos en enero y febrero fuera opcional escolarizarlos un curso antes si estaban preparados y no estar condenados a esperar un curso y ser eternamente "los mayores" de la clase.
Nosotros optamos por hacerlo en el caso del niño nº 3 ya que lo veíamos no solo preparado, sino sobradamente e incluso empezó a ser necesario hace unos meses.
Lo que me ha dejado un poco "plof cataplof" es enterarme a posteriori de que lo puedes escolarizar con dos años y medio, pero que no lo puedes apuntar a comedor hasta los tres años.
Teniendo en cuenta que aquí la totalidad de los colegios tienen jornada partida y que ya me tengo que partir en bastantes trozos ya cuando tengo que ir a buscar a uno a la maternal, a la otra al ecole, al otro al college y al peque probablemente a la guarde como para tener que hacer el mismo trayecto cuatro veces diarias.

La verdad es que este tema, que aún estamos en vías de solucionarlo me descoloca bastante pues yo soy pro comedor desde que el niño nº 1 empezó a ir al cole porque siempre me ha compensado más pagar comedor que pensar, comprar, preparar y dar una comida sana, equilibrada, bla bla bla, eso sin contar lo que me chifla a mi cocinar que normalmente suele apetecerme más darme un barrigazo por ahí.
Este trastorno me ha hecho plantearme los pros y los contras (porque también hay contras, jajaja) del comedor escolar.
Por un lado los pros:
Como ya he dicho a mi me supone un esfuerzo de energías, tiempo y demás organizar, comprar y preparar un menú adecuado, completo, sano y equilibrado.
Ya sabéis, eso de pescado dos veces por semana, verduras a poder ser a diario, legumbres una vez por semana y ¿huevo? ¿ha comido hoy huevo o le puedo hacer una tortilla para cenar?.
En los colegios siempre tienen un menú aprobado por algún nutricionista que se adapta a las necesidades de los niños sin tener que rompernos la cabeza.
Otro tema es para los que son un poco escogidos a la hora de comer (como yo) que soy de las que no me gusta la verdura, esto solo así y aquello asá (tengo que reconocer que no soy muy buen ejemplo para mis hijos) si comen en el comedor les obligan a comer de todo y ellos mismos lo hacer por imitación de ver a los demás.
También para los que son malos a la hora de comer y les gusta que les vayas detrás con la cuchara para mi es un alivio que coman en el comedor, porque muchas veces no ocurre ya que, como ya he dicho, comen por ver comer a los demás o por las ganas de irse a jugar con los amigos, que es la recompensa por acabárselo  todo o porque si hay que estar detrás de ellos no soy yo, jejeje.
Y la ventaja estrella es para todas las mamás que trabajan, que si no hubiera comedor no sabrían como hacerlo pues muchas veces (la mayoría) las jornadas laborales no son compatibles con las escolares.

Y ahora los contras:
Muchas veces el comedor de los colegios es de catering y aunque sigue siendo igual de sano y esas cosas, según cuales no son igual de sabrosos y eso los niños lo notan.
En algunos colegios (no todos, of course) no se matan demasiado en "forzar" un poco al niño a comer, ellos lo saben y si no les gusta algo simplemente esperan a que les quiten el plato con lo que al final o tienen suerte y les ponen lo que les gusta o acaban comiendo más bien poquito.
Como ninguno de los dos casos anteriores ha ocurrido en los colegios que han ido mis hijos pero lo he visto en los colegios en los que he trabajado, este que os voy a contar ahora es el inconveniente que más he notado: Los modales.
Las pobres chicas que les "ayudan" y les vigilan en el comedor bastante tienen con conseguir que se acaben el plato cuando les ponen acelgas como para poner pegas si lo hacen con la boca abierta, tirados encima del  plato o si no emplean la servilleta.
Después claro, por las noches o los fines de semana tenemos trabajo doble en casa, pero en esas estamos.
Otro inconveniente es el precio, por supuesto, pero si incluimos al coste de la comida el tiempo de prepararlo al final, a mi entender sale rentable.
Para los que son muy tragones, como el niño nº 1 a veces no le dejan repetir y alguna vez se quejó de que se quedaba con hambre, pero vamos, que creo que era el único en el colegio pues no se lo oí a ninguna mamá y cuando lo comenté en el comedor me dijeron que era la primera vez que lo oían.

¿Y vosotras que opináis?¿Comedor sí o no?


miércoles, septiembre 05, 2012

Y por fin llegó el día....y fue un desastre

Ayer por fin llegó ese tan ansiado día, ese que parecía que no llegaba nunca, ese por el que soñaba y que parecía tan lejano: Ayer, por fin, empezó el cole.
El día comenzó como esperábamos, con mucho sueño, pero con mucha ilusión. La niña nº2 será la primera y única vez que estará lista a tiempo en todo el curso (por experiencias pasadas) y el niño nº 3 cargó ilusionado su mochila de Mac Queen hasta llegar al cole.
Una vez allí colocamos a la nena en su fila, hablamos (y conocimos) a la profesora y nos fuimos a dejar al peque por primera vez en el cole.
El sitio le gustó, eso de que estuviera lleno de nenes, de juguetes y de cuentos le "moló" un montón. Un par de veces hizo el amago de llorar cuando las profesoras se dirigían a él, pero como tenían otros de los que ocuparse se iban por donde había venido y mi peque seguía a sus cosas sin problemas.
Le recordamos a la profe que él no sabía francés, que hablaba (más bien chapurrea en el idioma bebé) el español y que nuestra intención es seguir así, que no le vamos a hablar francés en casa, vamos (yo, además, es que no puedo). En cuanto vimos que el estaba a sus cosas nos despedimos del niño, (no fuera a ser que se llevara el susto del siglo cuando nos buscase y no nos viese) y nos fuimos.
El problema vino después cuando el niño nº 4, que había venido a acompañar a su hermano pensó que eso del cole era super guay y que se quedaba él también. (Llorando nos lo tuvimos que llevar mientras se cruzaba con los que lloraban porque no se querían quedar).
Así que durante toda la mañana pensé que había ido bien, que no había montado un drama y que se lo estaría pasando pipa con las ganas que tenía de ir al cole y de estar con nenes.
Pero cuando lo vamos a buscar.....nos recibe una profesora agotada con nuestro niño en brazos  y nos dice que se ha pasado berreando toda la mañana. Uf!!

Ahora eso sí, cuando le preguntamos al niño nos dice que se lo ha pasado en grande, que ha hecho un montón de cosas y ha jugado con los nenes y que el jueves (el miércoles no hay cole) vuelve. Ya veremos a ver que tal.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...